jueves, 16 de junio de 2011

2. Satanás, Mario Mendoza



El padre Ernesto, que ha estado de rodillas rezando durante cerca de media hora, se levanta, se da la bendición y abre la puerta de su cuarto para acercarse al despacho de la casa cural. Irene, la joven encargada del aseo y de la cocina, le dice en el corredor:
-La señora Esther ya lo está esperando en el despacho.
-Gracias, Irene -contesta el padre apretando el paso, y por un momento sus ojos se detienen en el cuerpo esbelto y voluptuoso de la joven.

***
La muchacha se levanta el camisón hasta el ombligo, introduce la mano entre unos calzones pequeños e insinuantes, y se acaricia el sexo con los dedos de la mano derecha.
-Necesito un hombre, padre -la voz vuelve a ser la de una jovencita delicada.
-Para, no más -dice el sacerdote con la voz agitada.
Ella saca la mano y estalla en una carcajada grotesca.
-Yo sé quién eres, puerco -sigue diciendo la misma voz.
-No sé de qué hablas -afirma el sacerdote mareado, con arcadas en el estómago, trastornado.
-¿El pedacito de carne que tienes entre las piernas te da trabajo, eh?
-Cállate.
-Por ahí ofendes tu fe, ¿ah?... Marranito lujurioso...
-Que te calles, dije.
-Arrechito…


***
El padre Ernesto no aguanta más y se abalanza sobre ella cubriéndola de besos, jadeando, oliendo como un animal el aroma juvenil que despide el cuerpo de Irene. Se desviste rápido, apresuradamente, y se echa sobre ella para seguirla besando, para tocarle los senos por debajo de la camiseta, para sentir esos muslos sin un vello restregarse con suavidad contra sus piernas. Ella coloca las manos en la espalda de él y responde a sus caricias con unos quejidos entrecortados, retirándolo de vez en cuando para tomar bocanadas de aire y para evitar la presión constante en el pecho y el esternón.
-Irene…
Siente su miembro erecto aprisionado entre los dos vientres, excitado, a punto de estallar. Se hace a un lado y decide acariciar el sexo de Irene con el dedo, introduciéndolo entre los labios de la vagina poco a poco, de arriba abajo, rítmicamente, cuidándose de no hacerle daño. Los gemidos de ella van en aumento, multiplicándose, haciéndose cada vez más intensos y prolongados. Sus dedos se frotan contra el vello púbico de la muchacha, como si estuviera pasando la mano por encima del pelo hirsuto de un animal agreste y salvaje. Al fin Irene estalla en un alarido de placer, tiembla por unos segundos y se queda quieta, con los ojos cerrados, inmóvil, como si acabara de morirse.


***
El padre Ernesto la retira un poco y vuelve a subirse encima de ella, le quita la camiseta, le besa los labios y las mejillas, y le dice al oído:
-Abre las piernas.
Irene separa los muslos y lo abraza con fuerza. El sacerdote la penetra con lentitud, cogiéndose el pene y ayudándolo a pasar por entre los labios temblorosos de la vagina, con delicadeza, sin ningún tipo de brusquedad.
-Estás empapada.
Ella siente el pene bien adentro, hasta el fondo, y dice en voz alta, con la boca jugosa y la espalda atravesada por corrientazos eléctricos:
-Ay, mi amor, qué rico…
Él comienza a mover el miembro hacia adentro y hacia fuera, subiendo las caderas y bajándolas en una cadencia irregular, unas veces con ímpetu y soltura, y otras con una lentitud pasmosa, reteniendo el semen para prolongar el placer.
El padre Ernesto deja los ojos entrecerrados y recuerda sus años en el seminario, los tormentos de la carne, la masturbación nocturna para apaciguar, aunque fuera momentáneamente, ese deseo constante de tener un cuerpo de mujer junto al suyo.

Satanás, Mario Mendoza





12 comentarios:

  1. Qué grande sos Mario. Me empapé.

    ResponderEliminar
  2. ¿El pedacito de carne que tienes entre el cráneo te da trabajo?

    ResponderEliminar
  3. Este párrafo inmundo es un ejemplo típico de la retórica exculpatoria de los curas violadores y pervertidos que han profanado la infancia de miles de niños y niñas en el mundo entero.
    Es una vergüenza y un insulto para tantas víctimas inocentes que esta pseudoliteratura sea lectura obligatoria en los colegios de Bogotá.

    ResponderEliminar
  4. El otro Anónimo no entendió ni el culo de la foto.

    ResponderEliminar
  5. Llamadme Licenciado16 de junio de 2011, 13:36

    No hay en los fragmentos seleccionados cualidades que ameriten su inclusión en este florilegio de malos polvos literarios.
    Pese a la reputación de sus autores, la poesía brilla por su ausencia en ambos episodios.
    La sordidez de lo narrado no es excusa para renunciar a la búsqueda de esas felicidades intangibles que distinguen la literatura verdadera del chisme cerril y la anécdota concupiscente.

    ResponderEliminar
  6. Los seudocríticos nunca entenderán la identidad de las novelas de Mario Mendoza.

    ResponderEliminar
  7. Toda poética es una erótica.

    ResponderEliminar
  8. Let's fuck. You’ll meet other curious, sociable and open-minded people in an atmosphere of exploration and enjoyment.

    ResponderEliminar
  9. ¡Qué despertada tan arrecha!

    ResponderEliminar
  10. Combo madrugador II17 de junio de 2011, 4:03

    Esto sí que es un #fuckingfriday

    ResponderEliminar
  11. El satanismo en la literatura alcanzó su máxima expresión con Huysmans. Esto no es más que una mala imitación de Vargas Vila.

    ResponderEliminar
  12. Típico de los críticos: manipular y transcribir de mala manera y a su antojo los fragmentos de las novelas... A leguas se nota la manipulación de dos escenas diferentes con el fin de que se ajustara a un mal polvo, creo que el que tiene malos polvos es el administrador y autor de esta página...

    ResponderEliminar